El cambio climático, atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, se mide a través de la Huella de Carbono. Este indicador representa la medida en la que una persona, producto u organización contribuyen a la emisión de gases efecto invernadero a la atmósfera, expresada en toneladas de dióxido de carbono equivalente (TnCO2eq).
Dentro de las acciones provocadas por el hombre sobre el ambiente, podemos mencionar: deforestación, quema de combustibles fósiles y transformación del suelo para uso agropecuario, industrial y urbano.
Se sabe que la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) no sea suficiente para frenar el calentamiento global, para lo cual hay que poner en marcha medidas que permitan absorber más CO2 del que se genera: es por ello que el campo es hoy un agente de cambio clave para tomar acción frente al cambio climático.
Para contribuir a la mitigación del cambio climático, es importante conocer la huella de carbono (ya sea individual, de un proceso productivo u organización) para detectar dónde se producen las mayores emisiones y de esa manera gestionar acciones para la reducción de las mismas y/o compensación (ej. Compra de bonos de carbono o plantación de árboles).